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viernes, 22 de febrero de 2013




Los Huérfanos de Chávez





Como he venido haciendo mención en mis escritos, coplas y comentarios en las redes sociales, la muerte de Hugo Chávez es un hecho cierto, bien que haya sucedido ya como muchos apuntan, bien que esté por suceder si aún está con vida.  Y mientras me siento sumergido en este líquido viscoso de la ignorancia en que vivimos los interesados en Venezuela, reflexiono desde hace días en lo que se nos viene encima. 

Más allá de las especulaciones que supuestamente le ponen sabor a nuestro drama social, ya es innegable que aunque la medicina lograse comprar tiempo al ya deteriorado cuerpo de Hugo Chávez, el humano “deshumanizado” por sus aliados para mantener su leyenda, se va a morir.  Así como en alguna película de los años ochenta se le tomaban fotografías a un jefe guerrillero centroamericano abatido para mantener viva “su lucha”, los que dirigen el show junto con los Castro Boys han tratado de mantener vivo a Chávez dentro de la penumbra del “¿estará vivo o no?” y en eso llevan ya cinco días.  El problema es que los muertos, para que parezcan vivos hay que embalsamarlos, así como a Lenín y a Evita Perón, que como Michael Jackson, valieron más dinero después de vivos.  Porque, estemos claros, Chávez va a valer más después que se muera, si lo "Cheguevarizan" correctamente.

Y la pregunta que se deben haber hecho ya, tanto en La Habana como en Caracas, es qué van a hacer cuando se les muera el Presidente definitivamente y no puedan revivirlo ya.  Como una suerte de esbirros, los chavistas de la alta esfera junto con Fidel (Raúl no pinta nada ahí), reviven al torturado para poderle sacar más beneficios, conscientes que el muerto cada vez se les pone más gris.  Sin embargo, es bastante posible que ya tengan un plan de contingencia para cuando llegue la carreta y se lleve a Chávez al otro lado.

Este plan de contingencia no incluye, con mucha seguridad, el enorme duelo emocional que va a sufrir mucha gente en Venezuela.  Sin que esto quiera sonar discordante, es innegable el hecho que existe una masa poblacional enorme que está conectada con Chávez a través de una relación emocional en la que los roles de “Gobernante – Gobernados” han sido suplantados por una dinámica más de “Taita – Peones” y que a la muerte de éste, se sentirán huérfanos de una figura humana con la cual identificarse.  Ni el gobierno, ni la oposición tienen planes acerca de cómo contener el tremendo oleaje emocional que se vendrá sobre Venezuela en las horas inmediatas a la muerte del patriarca.  Así como los “descamisados” de Eva Perón, mucha gente va a quedar emocionalmente abatida.




Nadie se ha puesto a pensar en la forma cómo reaccionará el colectivo social que quiere a Chávez como a alguien de su familia.  Si estas palabras le parecen exageradas, pregúntese si realmente la gente que llora a Chávez (y los he visto) lo hace porque los llevan a llorar en autobuses desde el interior de la República.  En Venezuela existen millones de personas que tienen una relación directa y personal con Hugo Chávez y que lo sienten, aún y después de tantos desaciertos, como su líder, quizá el único que han sentido verdaderamente suyo.  Si las escenas de llanto colectivo a la muerte de Kim Jong-il en Corea del Norte nos parecieron exageradas (y hasta ridículas ¿por qué no?), creo que en Venezuela veremos escenarios similares, aunque quizá no en números tan grandes.  A la gente se le puede pagar para marchar, para protestar, para causar disturbios e infiltrarse, pero a la gente no se le puede pagar para llorar.  Algo les tiene que doler.


Y hay mucha gente a la cual Chávez les duele y les duele mucho.  No es la intención de este escrito calificar este hecho o apoyarlo o no.  Mi intención es entenderlo y compartir ese entendimiento, porque es a través de ese entendimiento es que logramos conocer las necesidades reales, personales, emocionales de todos los venezolanos, aún aquellos que tengan un líder distinto al nuestro.

     
El momento se acerca. ¿Qué es lo que vamos a hacer?



Juancé Gómez

jueves, 27 de octubre de 2011

¿Son realmente necesarias las Fuerzas Armadas en Venezuela? (Parte II)






Parte II

Como les comentara en  mi primera entrega, y agradeciéndole al Presidente el material que constantemente me regala para apoyar mi postura, las Fuerzas Armadas en Venezuela han mantenido una posición privilegiada dentro de la vida del país.  Si a PDVSA se le acusó de ser una caja negra, a las FFAA le aplica el término de "Caja Fuerte", por su hermetismo y total divorcio de la convivencia con la nación.  PDVSA producía dinero para el país, mientras que las Fuerzas Armadas lo que han hecho es derrocharlo, comprando armas innecesarias para defendernos de nadie, construyendo viviendas para sus propios miembros y manteniéndose a la vez, protegidas de toda intromisión civil.  Atrás quedaron los tiempos en que para algo servían los batallones de ingeniería que construían carreteras y hospitales: Hoy sirven para reprimir al pueblo, cerrar y expropiar haciendas y fábricas, serviles bajo las órdenes del Comandante en Jefe.


Nos preguntamos indignados, porqué los militares se arrodillan (literalmente) frente a la figura del Presidente, y nuestra mente civil nos impide entender lo que para el militar es sólo un comportamiento natural: sumisión disfrazada de disciplina.  En la mente del militar no existen los conceptos que para los civiles son la base misma de la convivencia tales como libre albedrío, contraposición de opiniones, discusión, consenso.  El militar ejecuta ordenes, no las discute.  El militar entiende que, sometiéndose a sus superiores, encuentra consuelo en someter a sus subordinados y así sucesivamente.  Mientras más escale en jerarquía y rango, mayor será la cantidad de rangos inferiores que se someterán a sus órdenes.  Es por eso que para los miembros de las Fuerzas Armadas ver como un militar, un Teniente Coronel "Don Nadie" antes del golpe de 1992, llega a la cúspide del poder en el país, representa una imágen casi divina, digna de admiración.  Ese militar desde el olimpo de Miraflores les dice, tácitamente: "Yo soy militar, y mira adonde llegué"


En Venezuela, el mundo civil no comprende esta manera de pensar del estamento militar.  Así como en otras fuerzas armadas se mantienen cerradas las filas en asuntos espinosos como la homosexualidad dentro de sus filas (Don't ask, don't tell) en el caso de los Estados Unidos, o el abuso mismo del cual son acusados actualmente los Cascos Azules de la ONU por supuestos abusos contra civiles en Haití, la milicia es callada y permisiva para con los abusos que sus miembros cometen en el "ejercicio de sus funciones".  La costumbre de la violencia (tanto dentro de sus propios miembros como con civiles o enemigos) les permite actuar de forma brutal en muchos casos, sin las valoraciones que los civiles hacemos de dichos actos.


Ayer mismo, el Presidente decreta sumar más privilegios a los ya privilegiados militares, aumentándoles en 50% el sueldo y exonerándolos del pago de cuotas iniciales para la compra de viviendas o automóviles.  Si bien mucho se comenta que estas dádivas responden a un miedo del Presidente para que los militares no lo saquen del poder por la vía armada, considero particularmente que no es otra cosa que la manifestación expresa de la única manera de vida que conoce Chávez como buen militar y que no es otra que colmar a sus colegas, a sus compañeros de armas de los beneficios que la institución armada ofrece a aquellos que como él, han hecho su carrera y han entregado su vida al uniforme y a la gorra. 


Sin embargo, para no restarle importancia a los que comentan que hay "miedo" en Miraflores, cabe el análisis de esta posición con la siguiente reflexión: Si en Venezuela, tanto el gobierno como la oposición tienen que "coquetear" con los militares para que inclinen la balanza del poder, entonces tenemos un problema gravísimo porque nuestra vida "civil" depende, precisamente, del antónimo perfecto como lo son los militares.


¿Quiénes son, al final del día, los militares? Si hacemos recuento de los orígenes de todos los oficiales, sub-oficiales y tropas regulares hoy en las FFAA, nos daremos cuenta de una constante:  Los militares provienen, en su gran mayoría, de extractos humildes de la población.  Las clases media y alta no envían a sus hijos a la Academia Militar para asegurar su futuro, mientras que el pobre considera la carrera militar como una alternativa, en la que se aseguran escalar posiciones económicas de forma relativamente estable.  Aguantando unas cuantas "mierderas" (término utilizado en los cuarteles para referirse a castigos por vía de ejercicios físicos), se logra conseguir una casa, un apartamentico, unos estudios y compras privilegiadas en el IPSFA o en otros lugares.  Si tienes la suerte como recién graduado, te envían a algún puesto fronterizo o de aduanas adonde aprendes a "matraquear" pescadores, "raquetear" indocumentados o como premio gordo, decomisar contrabandos que van desde cajas de cigarrillos hasta alijos de droga.  Toda una universidad de corrupción que servirá en tiempos posteriores.


El militar es un chulo profesional.  Es un parásito del sistema.  Es una chinche institucional.  El militar entiende que posee la fuerza y la coerción física para extorsionar desde individuos hasta sistemas, y no duda en hacer despliegue de esta fuerza para amedrentar y dar rienda suelta a su falta de educación, modales y cultura.  En la mente de muchos todavía resuena el eructo de Acosta Carléz tomando Coca Cola cuando a nombre de la gloriosa revolución bolivariana, allanó sus instalaciones en Valencia en el año 2003.






Muchos comentaristas repiten incesantemente el mismo postulado acerca de la "institucionalidad" de muchos militares dentro de las fuerzas armadas. Mi posición es que los militares, permitiendo la intromisión dentro de sus filas de elementos externos como el G2 cubano, izando banderas cubanas en sus cuarteles y observando los abusos que diariamente cometen sus colegas dentro de la supuesta institución a la cual pertenecen han perdido toda legitimidad como institución considerada "decente" o "guardiana de la democracia".  Si existen oficiales "institucionales" deberían, como mínimo, retirarse si no desean enfrentarse a los abusos o combatirlos, denunciarlos y asumir las consecuencias que esto acarree.  Su silencio y su inacción los hace cómplices y la neutralidad en estos casos es inexcusable, dada la alta polarización en la que se encuentra el país.  Abiertamente manifiesto mis dudas acerca de los militares "institucionales" dentro de las Fuerzas Armadas.  Creo que todos son parte de la misma hipocresía.


Una Venezuela sin militares.  Qué silencio espiritual nos produce esta frase, cuando llegamos a pensarla e internalizarla como hecho hipotético.  ¿Una Venezuela sin ejercito? Suena a una locura digna de una lobotomía. 


Venezuela puede llegar a materializar esto.  Avanzar como país es un proceso que tiene e implica cambios radicales.  En mi tercera y última entrega me referiré a la manera cómo nos beneficiará a todos los venezolanos despojarnos de estos individuos parasitarios de nuestra vida civil.  Si bien comenté esto al cierre de la primera entrega y por esto pido excusas, debo admitir que los últimos hechos me obligan a cimentar más los motivos por los cuales debemos convencernos de salir, definitivamente, de las Fuerzas Armadas en Venezuela.


Juancé Gómez

miércoles, 26 de octubre de 2011

A Dios Rogando y Templos Comprando





Luego de su "rejuvenecida" llegada de Cuba, directo al Santo Cristo de La Grita, Hugo Chávez se autoproclama dévoto de figuras religiosas que tiempo atrás desdeñaba en la figura de los miembros de la Iglesia Católica, a quienes mandó a callar en múltiples ocasiones (en el zenith del poder, no menos)  para llegar a postrarse a los pies del ícono cristiano, siendo recibido por un miembro de esa misma Iglesia a quien parecen habérsele olvidado los improperios profesados a sus colegas, por conveniencia o por simple descuido humano.

El Monseñor Mario Moronta lo recibió casi como al "hijo pródigo", refiriendose a Chávez como "un peregrino más" que visitaba el Templo.  Luego del acto cargado de la cursilería habitual de la cual el Presidente impregna sus actos públicos (para el regocijo casi orgásmico de sus seguidores) se desvela la verdadera razón de tantas sonrisas por parte de Moronta: Chávez se ha comprometido a girar los fondos para la construcción de un Santuario para el Cristo de las Montañas.  No hubo necesidad de pasarle la cesta "para la colecta" al final de la misa, ya que el Presidente mismo ofreció dadivósamente la "limosnita" para que la feligresía pudiera adorarlo un poquito más (A Chávez, no al Cristo).

Posteriormente (y quizá revisando el santoral religioso) dirige su atención (y su chequera) a venerar al "venerable" José Gregorio Hernández, decretando Día de Júbilo Nacional en el cumpleaños número 147 del Siervo de Dios. Luego de agradecer al Pre-Santo venezolano (en señal de agradecimiento por haberle hecho el Milagro de curarlo) promete girar (otra vez) los fondos para la construcción de un templo para honrar la memoria del Santo del Pueblo en su pueblo natal, Isnotú.

En ambos casos, los miembros de la iglesia no caben dentro de sí, ya que la atención del Presidente les cae como anillo al dedo.  Chávez utiliza nuevamente los símbolos más íntimos para el pueblo que le sigue (la religión esta vez) para reforzar la conexión que aún mantiene con muchos o pocos, a la vez que "compra" indulgencias con bozales arepísticos a los hombres de hábito que felices lo reciben. Business as usual.

Más allá de las valoraciones religiosas o morales que cada uno de nosotros quiera darle a este hecho, lo cierto es que se comienza a destacar la manera como Chávez explota económicamente  a los centros de concentración emocional, con lo cual abona más terreno para su siembra en el pueblo chavista, políticamente inmaduro y electoralmente emotivo.

El Presidente conoce muy bien la forma de entrarle a sus devotos, a los que lo veneran tanto o más que al de Isnotú u otros íconos religiosos de la geografía nacional.  Sus "milagros" (consideran) pueden materializarse si ellos hacen un mayor esfuerzo en defender su revolución, si tan solo los oligarcas y el imperio lo dejan, y de ellos es la misión, cuales cruzados detrás de Pedro El Ermitaño, de dar su vida por la salud de su guía espiritual, el profeta de Sabaneta y el triunfo de la evangelización de los salvajes capitalistas.

Chávez, un sobreviviente político, ordeña la savia inocente y resentida de los electores que votan con la emoción y no con la razón.  Apasionados por cualesquiera amenazas que recaigan sobre su sacerdote mayor (mayor inclusive que los curas mismos de La Grita e Isnotú), sobre ellos se levanta supuestamente sano (aunque un poco inflado, a decir verdad) cual Lázaro criollo, trás haber vencido al cáncer, probablemente enviado por aquellos que huelen a Azufre en el norte.


Juancé Gómez

domingo, 23 de octubre de 2011

Si, mi Taita




"Venezuela era una isla desierta y yo me la conseguí"

Esta frase, atribuida al General Juan V. Gómez, bien podría resumir la historia venezolana de los últimos 200 años. Somos un pueblo que, a falta de conciencia propia, conocimiento de sí mismo y convicción de su identidad, ha requerido siempre acurrucarse bajo un "taita" llámese éste Páez, Blanco, Castro, Gómez, Pérez o Chávez. Una especie de Ho Chi Minh criollo.

El pueblo venezolano (y el latinoamericano a los mismos efectos), necesita de un patriarca, de un paladín, de un líder que logra convertirse en un gurú espiritual al que se le profesa un fervor casi sectario. Si bien se admite que todo grupo social requiere para organizarse y regirse de los lineamientos de un jerarca, no es menos cierto que otras culturas entienden que ese guía, ese llamado a determinar los destinos cumple con un mandato otorgado a él por el grupo mismo. En nuestros pueblos (por flojera o ignorancia), descargamos toda la responsabilidad de las decisiones de dirección al gobierno como ente abstracto, y a falta de éste, al mandatario de turno, divorciándonos de nuestro deber como ciudadanos pedidores de cuentas y circunscribiéndonos a ser pedidores de casas, becas y subsidios.

Esta práctica de dejar que el Gobierno nos resuelva la vida nos ha convertido en limosneros de oficio. No esperamos que los gobernantes cumplan con la gestión para la cual los elegimos, sino que nos conformamos con esperar que no nos hagan daño, que nos quieran. En un survey televisivo en los años del segundo gobierno de Rafael Caldera, cierto entrevistado en la calle, al ser preguntado por la gestión del presidente comentaba
"que al menos el Dr. Caldera no nos roba", con lo cual dejaba reflejada la expectativa del "pueblo" como gobernado: Si no vas a hacer tu trabajo como Gobierno, por lo menos no me robes.

Esta posición denota una tremenda inmadurez política de parte de los electores y un desconocimiento absoluto de su rol dentro de la dinámica de la relación Gobierno – gobernados. El colectivo elector posee una serie de derechos frente a aquellos que elige (elección como tema clave aquí) pero debe entender estos derechos, y en el caso de Venezuela este silogismo parece no cumplirse, porque el elector mismo no entiende o no sabe entender ni asumir su posición dentro del juego de la democracia.

¿Cuáles son, entonces, estos derechos? El elector primero que todo debe entender que el poder es suyo para cambiar aquello con lo cual no está de acuerdo. Pero nos vamos aún más allá y nos preguntamos: ¿sabe esto el elector? Cuando observamos los noticieros nacionales no pasa un día en que alguien, humilde o acomodado, educado o marginal, le "pida" al Presidente que se avoque a resolver personalmente cualquier tema (desde una huelga de reos en un penal hasta la construcción de un módulo policial) siempre la constante es la misma: "
Señor Presidente, le pedimos". ¿Cuándo comenzará nuestro pueblo a "exigir" en vez de "pedir"?

Esa es la posición del sumiso, la de pedir. Pedimos favores cuando deberíamos exigir cumplimientos. El electorado en pleno debe entender que no nos hacen favores los que elegimos en algún momento y parte de la responsabilidad de esto es de nosotros mismos. Nuestra actitud de "pedigüeños" solamente abona el camino del abuso, de la desidia y de la posterior opresión. Mientras no exista una psique colectiva que coincida en aquello que debe esperar; que eleve la barra de las expectativas a sus gobernantes; que no se deje encantar por las flautas verborreicas de mítines en avenidas cerradas; que evalúe con seriedad y objetividad las promesas y los planes de gobierno de los diferentes candidatos y finalmente, que elija más a un empleado y no a un "Taita", seguiremos sin ver cambios sustanciales en nuestra sociedad.

Juancé Gómez
 

El Pueblo Chavista





Conversando con Fernando Nuñez Noda días atrás vía twitter (@nuneznoda), mencionó un concepto absoluta e innegablemente cierto dentro de la vida del país: "El Pueblo Chavista". El Pueblo Chavista es, ése conglomerado humano que se identifica con el Presidente Chávez más allá de lo que términos como la "Intencionalidad de Voto" u otros de corte mercadotécnico puedan servir para definir y clasificar a un grupo social. El Pueblo Chavista es mucho más que eso.

El Pueblo Chavista está conformado por cientos, miles y cientos de miles de venezolanos, en todo el territorio del país, que sostienen un lazo afectivo con Hugo Chávez. Su conexión con el líder es similar a aquella que se tiene con un gran Pater Familias, un protector y por qué no, un miembro de nuestra familia, tan cercano como un hijo.

Comentábamos esta figura en el artículo "Si, mi Taita" (www.infociudadano.com) porque la dinámica de la relación Gobernados – Gobernantes se ha basado, a través de los años, en un lazo más emocional que político. El Pueblo Chavista entiende y concibe a su líder con la pasión y no con la razón, y desde este punto de mira, el subjetivismo imbuido en esta relación es tan fuerte que impide la permeabilidad de comentarios negativos hacia el líder mismo, rechazándolos y argumentando en muchas ocasiones, de manera violenta. Así como la madre del hampón que sabe que su hijo hace el mal pero no lo reconocerá jamás de forma abierta, el Pueblo Chavista obvia los desatinos de su paladín, justificando sus desaciertos de cualquier manera posible y más aún, creyendo como ciertas estas justificaciones. Este fenómeno es netamente humano, netamente intrínseco a la "afectividad" de las personas, y llevarlo al plano colectivo nos deja las mismas consecuencias.

Hugo Chávez es, para su Pueblo, "uno de ellos", alguien que logró remontar la empinada cuesta del poder a punta de lucha y esfuerzos –desde su punto de vista, bueno o malo pero cierto para ese Pueblo. Esto queda demostrado cuando vemos la cuña política recientemente puesta al aire acerca de los días en los cuales el Presidente estuvo recibiendo Quimioterapia en el Hospital Militar de Caracas. Entre pasajes se proyectan personas que decían frases como "Te quiero mucho, mi amor!" o "Pa´lante Comandante, lo queremos mucho!". Estas manifestaciones de cariño, han sido desdeñadas por los opositores a Chávez como "actores pagados" o "fanáticos del régimen", pero cabe preguntarnos: ¿Realmente somos tan ingenuos para pensar esto y obviar el nexo afectivo?

Los venezolanos (y los latinoamericanos en la misma onda), somos afectos a adorar hombres y mujeres a través de nuestra historia. La pareja Perón en Argentina, Martín Torrijos en Panamá y Lázaro Cárdenas del Río en México son sólo ejemplos de esa relación afectiva de la que hablamos supra. Estos fenómenos sociales tienen en común el particular elemento de suplantación de los roles de uno de los sujetos activos de la relación Gobernante - Gobernados: El "Ciudadano Político" no existe y es suplantado por el "Ciudadano Emocional". Esto significa que las expectativas -y el juicio- acerca de los logros y el cumplimiento de las funciones de aquel que fue electo pasan a segundo plano porque se imponen los afectos, enturbiando la percepción de los hechos. Perdonamos más a alguien que queremos que a alguien que trabaja para nosotros.


En la relación del Gobernado con el Ciudadano Político sucede lo contrario: Exigimos que los resultados de la gestión de Gobierno del Gobernante sean satisfactorios a nuestras necesidades porque concebimos al Gobernante como un empleado nuestro, alguien que tiene la misión de ejecutar un mandato otorgado por nosotros y no preponderan en el Ciudadano Político aspectos personales como el afecto, la idolatría o la conexión familiar.
El Pueblo Chavista está conformado por el Ciudadano Emocional. Chávez sabe esto y cual pastor de programa religioso arenga a su rebaño con argumentos que van directo a la espiritualidad de la gente y no a su madurez política, la cual reconoce como escasa. Cuando Chávez invoca figuras importantes para el Pueblo Chavista lo hace apuntando a aspectos íntimos de la vida tales como la religión, la música, el folclore y aquellos otros aspectos que identifican sujetos en común, y esto produce un efecto de empatía difícil de apartar de la psique colectiva. A más cantar en Cadena Nacional, más su Pueblo reconoce el mensaje directo a ellos, a los del barrio, a los del campo, no a los de los apartamentos y los de las quintas. Chávez surca el territorio humano con un arado claramente definido:

"Soy del Pueblo, pero del Pueblo de abajo, del que ha sufrido".

Este fenómeno es relativamente nuevo en nuestra historia presidencial. Salvo las escaramuzas populistas de Luis Herrera Campíns con Carlota Flores y Aleidy Josefina, pocas veces hemos visto este fervor cuasi religioso de un conglomerado con su líder. ¿Habíamos visto alguna vez, a un señor colocándose tamaña cruz en la espalda y peregrinando por la salud de alguno de nuestros presidentes pasados? Los acercamientos con el pueblo que podamos recordar por haberlos practicado nosotros mismos, no pasaron de la colocación de un afiche de Jaime Lusinchi en el balcón de nuestro apartamento o de las calcomanías de Rafael Caldera y la extinta "Convergencia" en épocas pre-electorales. No se veían imágenes gigantes que evocaban manifestaciones casi pías, al estilo de la mejor fiesta patronal del calendario religioso.
Nuestra percepción opositora está basada en la postura del "Ciudadano Político" y estos comportamientos, pasiones y rasgadura de vestiduras nos lucen chocantes, melodramáticos y francamente, exagerados. Sin embargo, no dejan de ser fenómenos reales, ciertos y sagrados para otro segmento de la población, el Pueblo Chavista. El enorme reto que se le plantea por delante a los precandidatos opositores a Chávez en la cimentación del "Pueblo Opositor" vinculándolo más a su papel de "Ciudadano Político" como primera misión, y en segundo término, a una suerte de "Evangelización Política" del pueblo que elige a sus gobernantes más con el corazón que con la cabeza. Parte de esa evangelización debe ser dirigida a desenconar los afectos del Pueblo Chavista con su líder, los cuales hoy en día, a pesar de la cadena indetenible de errores del Gobierno, siguen cobrando más fuerza a raíz de lo que muchos llaman la "Misión Lástima".
Chávez frente a su propia adversidad humana apela una vez más a las fibras más agudas del tejido de su pueblo y les pide que oren por él, que lo acompañen en su enfermedad. El Pueblo Chavista, estimulado emocionalmente una vez más, le dice en cámara:

"Te quiero mucho, mi amor…que Dios te bendiga!"