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domingo, 24 de febrero de 2013

Los Oscars Criollos 2013






Queridos votantes y "votantas".   En un giro inesperado de eventos, he recibido la lista de los filmes nominados a los Premios Oscars Criollos en su edición 2013, producidos en Venezuela, gracias a la Academia Chavista  de Ciencias Dramáticas.


AMOUR: Una historia secreta, un amor imposible! Un hombre y su busqueda fetichista de una banda Presidencial.  Feat. Nicolás Maduro, actor revelación.  




ARGO: La aventura de millones de venezolanos en los distintos automercados del pais, a ver si encuentran "Argo pa llevase ar buche" (Suspenso)



Beasts of the Southern Wild (La Arrechera Pemona): Un grupo de indios enfrenta a un Bully en las selvas venezolanas (Reality)



Sin Cadenas: La inspiradora historia de Aristóbulo, un esclavo cimarrón que se escapa de la Revolución en su yate privado (Cine Independiente)




Les Miserables, de V. Hugo Chavez: Narra la vida de un grupo de ineptos a los que se les entregó un país y devolvieron una aldea (Drama)





La Vida de Pi: Nuestra historia erótica. Marypili Hernandez protagoniza esta bizarra historia entre una mujer y la verruga de un Presidente (XXX)




Lincoln: Narra la simpática amistad entre una camioneta Lincoln Navigator y Hugo Chavez, mientras recorren el mundo socialista en asientos de cuero (Infantil)





Silver Linings Playbook (El Cuaderno de las Cosas Positivas): Las sesiones de terapia de la Constitución Venezolana, la cual sufre de una tremenda crisis de identidad y autoestima.  (Documental)





Zero Dark Thirty: Emocion! Plomo! Caos! Peo! Una familia criolla sufre un apagón a las 12:30 am y queda a merced del hampa (Acción)






Escoja su historia preferida.  Venezuela da para todos los géneros.






Juancé  

viernes, 22 de febrero de 2013




Los Huérfanos de Chávez





Como he venido haciendo mención en mis escritos, coplas y comentarios en las redes sociales, la muerte de Hugo Chávez es un hecho cierto, bien que haya sucedido ya como muchos apuntan, bien que esté por suceder si aún está con vida.  Y mientras me siento sumergido en este líquido viscoso de la ignorancia en que vivimos los interesados en Venezuela, reflexiono desde hace días en lo que se nos viene encima. 

Más allá de las especulaciones que supuestamente le ponen sabor a nuestro drama social, ya es innegable que aunque la medicina lograse comprar tiempo al ya deteriorado cuerpo de Hugo Chávez, el humano “deshumanizado” por sus aliados para mantener su leyenda, se va a morir.  Así como en alguna película de los años ochenta se le tomaban fotografías a un jefe guerrillero centroamericano abatido para mantener viva “su lucha”, los que dirigen el show junto con los Castro Boys han tratado de mantener vivo a Chávez dentro de la penumbra del “¿estará vivo o no?” y en eso llevan ya cinco días.  El problema es que los muertos, para que parezcan vivos hay que embalsamarlos, así como a Lenín y a Evita Perón, que como Michael Jackson, valieron más dinero después de vivos.  Porque, estemos claros, Chávez va a valer más después que se muera, si lo "Cheguevarizan" correctamente.

Y la pregunta que se deben haber hecho ya, tanto en La Habana como en Caracas, es qué van a hacer cuando se les muera el Presidente definitivamente y no puedan revivirlo ya.  Como una suerte de esbirros, los chavistas de la alta esfera junto con Fidel (Raúl no pinta nada ahí), reviven al torturado para poderle sacar más beneficios, conscientes que el muerto cada vez se les pone más gris.  Sin embargo, es bastante posible que ya tengan un plan de contingencia para cuando llegue la carreta y se lleve a Chávez al otro lado.

Este plan de contingencia no incluye, con mucha seguridad, el enorme duelo emocional que va a sufrir mucha gente en Venezuela.  Sin que esto quiera sonar discordante, es innegable el hecho que existe una masa poblacional enorme que está conectada con Chávez a través de una relación emocional en la que los roles de “Gobernante – Gobernados” han sido suplantados por una dinámica más de “Taita – Peones” y que a la muerte de éste, se sentirán huérfanos de una figura humana con la cual identificarse.  Ni el gobierno, ni la oposición tienen planes acerca de cómo contener el tremendo oleaje emocional que se vendrá sobre Venezuela en las horas inmediatas a la muerte del patriarca.  Así como los “descamisados” de Eva Perón, mucha gente va a quedar emocionalmente abatida.




Nadie se ha puesto a pensar en la forma cómo reaccionará el colectivo social que quiere a Chávez como a alguien de su familia.  Si estas palabras le parecen exageradas, pregúntese si realmente la gente que llora a Chávez (y los he visto) lo hace porque los llevan a llorar en autobuses desde el interior de la República.  En Venezuela existen millones de personas que tienen una relación directa y personal con Hugo Chávez y que lo sienten, aún y después de tantos desaciertos, como su líder, quizá el único que han sentido verdaderamente suyo.  Si las escenas de llanto colectivo a la muerte de Kim Jong-il en Corea del Norte nos parecieron exageradas (y hasta ridículas ¿por qué no?), creo que en Venezuela veremos escenarios similares, aunque quizá no en números tan grandes.  A la gente se le puede pagar para marchar, para protestar, para causar disturbios e infiltrarse, pero a la gente no se le puede pagar para llorar.  Algo les tiene que doler.


Y hay mucha gente a la cual Chávez les duele y les duele mucho.  No es la intención de este escrito calificar este hecho o apoyarlo o no.  Mi intención es entenderlo y compartir ese entendimiento, porque es a través de ese entendimiento es que logramos conocer las necesidades reales, personales, emocionales de todos los venezolanos, aún aquellos que tengan un líder distinto al nuestro.

     
El momento se acerca. ¿Qué es lo que vamos a hacer?



Juancé Gómez

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Política Jurásica




Mientras observo la Rueda de Prensa a propósito de la inscripción de Henrique Capriles Radonsky como candidato a las elecciones primarias de la oposición, me pregunto si los "actores" políticos miembros de la MUD, tienen idea de la forma cómo son vistos desde afuera, y de qué manera son percibidos frente a cómo se perciben ellos a sí mismos.

La bandera unitaria empuñada por la oposición, aún cuando no existía la MUD como ente único, era el denominador común.  Esa unidad la cual ha sido secuestrada por el Gobierno, la unidad que parece que durante estos largos años ha sido acaparada por el sentimiento de aquellos que siguen al presidente.  Esa unidad que durante tanto tiempo arengó disciplinadamente a cientos de miles de chavistas a votar temprano, a organizarse, a ser disciplinados y a vencer a la oposición una y otra vez en las elecciones.  La Mesa de la Unidad Democrática ha apostado a eso, a lograr una unidad verdadera, real, inédita.


Pero a medida que hemos visto el pasar de las semanas y la madurez de este proceso, se han comenzado a notar ciertas voces que parecieran desentonar con el armonioso coro que presenta la Mesa cuando se sienta a dar declaraciones de manera conjunta en la cual sus representantes que no aspiran a la candidatura (Aveledo, Albanes, Medina) comentan acerca del "momento histórico" por el cual pasa Venezuela, en donde "nunca antes como ahora existe tanta unidad en la oposición".  Estas voces parecieran estar, como consecuencia de rencillas internas dentro de la mesa misma, comenzando a mostrar que la unidad parece no ser tal y que prefieren cantar como solistas desentonados.

Y en mi opinión no puede ser tal, porque este "Chiripero 2.0" que se está tratando de licuar como jugo para ser bebido por los ya enratonados "chavistas descontentos", comienza a tener un sabor que no sabe a "homogéneo" porque dentro de los ingredientes del jugo están frutas que no son saboreadas por todos y que algunas están francamente en proceso de descomposición política.  Algunos de estos son los Causa R, PPT, Copei y AD, los cuales parecieran estar empeñados en repetir sus mismas prácticas anacrónicas de utilización de los candidatos a su favor, con el respectivo tufo que esto trae.

Si evaluamos a los candidatos "sobrevivientes" al día de hoy, ninguno pertenece a la vieja escuela política venezolana, entendiendo la misma como la militancia tradicional de Acción Democrática y Copei.  Capriles y López nacen de Primero Justicia (ex Copei), como exponentes de la camada de alcaldes que surgió hace más de una década.  Pablo Pérez nació en AD pero actualmente milita en un partido aparte (tipo Primero Justicia) y Maria Corina es la única que viene de un no-partido como lo es Súmate. Chávez y su discurso agresivo son los supuestos autores de la eliminación del protagonismo político de los partidos de siempre, pero en realidad los partidos mismos se suicidaron bajo su propia ineptitud en cumplir las promesas durante las oportunidades que tuvieron a lo largo de la duración del período democrático luego de la caída de la dictadura.

Si hay algo que se mantiene latente en la memoria colectiva del venezolano (la cual es bastante selectiva, dicho sea de paso) son los "cabilleros" de las maquinarias de las que tanto se jactan los partidos tradicionales hoy en día como "decisivas" para inclinar la balanza de las primarias.  Las infelices declaraciones de Henry Ramos Allup al momento de ratificar el apoyo de AD hacia Pablo Pérez, dejaron ver su actitud de "viejo sabio de la tribu", la cual demuestra su ceguera frente a la manera como son percibidos hoy los partidos tradicionales: dinosaurios políticos.

Esto ha decantado en una serie de comentarios que en mi apreciación, le han creado un "favor mocho" a los candidatos.  La discusión acerca de la fecha para la celebración de las primarias para Gobernadores y Alcaldes es percibida como desviación por parte de aquellos sin opción clara (olvidando el tema presidencial como opción principal)  y  el tema relativo a los fondos que tienen que ver con la celebración de las primarias mismas, entre otros, dejan ver que existen rencillas dentro de la fiesta electoral.

Bajo el viejo dicho que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo", se han aglutinado alrededor del entusiasmo que han despertado estos candidatos, los mismos partidos que se saben sin opción clara a obtener el poder con liderazgo propio.  Ni AD ni Copei poseen hoy en día la fuerza necesaria para lanzar un candidato que le revire a Chávez, que se tutee con él.  Quizá Ledezma pudo haberlo hecho, pero AD decidió hacer sus apuestas hacia Pablo Pérez, dejando al primero sin más opción que desistir en su empeño por ser candidato, sacrificando además, experiencia por popularidad. 

Por esto, se vuelcan a "dar su apoyo" a alguno de los candidatos que ven con más opción.  A los candidatos, en aras de la "unidad" y el discurso conciliador, no les queda más remedio (o si?) de aceptar este apoyo, cometiendo el error de agrupar trás de si a las maquinarias que tanto rechazan y que fueron las mismas que propiciaron su salida de esos mismos partidos políticos en primer lugar.


Desde afuera, este circo de dimes y diretes se percibe tal cual lo que es: Falta de unidad disfrazada de sentimiento profundamente democrático.  Mientras más aparecen unos y otros que apoyan a López, Pérez o Capriles, haciendo acusaciones de "cogollerismo" y practicas por el estilo, más aquellos a quienes intentan convencer comienzan a mirar de reojo este compromiso. 

La oposición parece no entender que parte de su catálogo de derrotas durante los últimos años se ha debido, precisamente, a mostrar varias caras frente a un país que parece ser "unifacial" y que no entiende, dada la inmadurez política de la que siempre hablo, que dentro de un proceso de democracia caben distintas opiniones.  Esto no significa que no puedan coexistir dentro de la MUD opiniones encontradas (y francamente opuestas), pero si de obtener la victoria se trata y "evangelizar" tantos Ninis que existen, deben practicar aquello que dice "Adentro nos decimos las cosas y afuera tenemos un discurso igual"






miércoles, 26 de octubre de 2011

A Dios Rogando y Templos Comprando





Luego de su "rejuvenecida" llegada de Cuba, directo al Santo Cristo de La Grita, Hugo Chávez se autoproclama dévoto de figuras religiosas que tiempo atrás desdeñaba en la figura de los miembros de la Iglesia Católica, a quienes mandó a callar en múltiples ocasiones (en el zenith del poder, no menos)  para llegar a postrarse a los pies del ícono cristiano, siendo recibido por un miembro de esa misma Iglesia a quien parecen habérsele olvidado los improperios profesados a sus colegas, por conveniencia o por simple descuido humano.

El Monseñor Mario Moronta lo recibió casi como al "hijo pródigo", refiriendose a Chávez como "un peregrino más" que visitaba el Templo.  Luego del acto cargado de la cursilería habitual de la cual el Presidente impregna sus actos públicos (para el regocijo casi orgásmico de sus seguidores) se desvela la verdadera razón de tantas sonrisas por parte de Moronta: Chávez se ha comprometido a girar los fondos para la construcción de un Santuario para el Cristo de las Montañas.  No hubo necesidad de pasarle la cesta "para la colecta" al final de la misa, ya que el Presidente mismo ofreció dadivósamente la "limosnita" para que la feligresía pudiera adorarlo un poquito más (A Chávez, no al Cristo).

Posteriormente (y quizá revisando el santoral religioso) dirige su atención (y su chequera) a venerar al "venerable" José Gregorio Hernández, decretando Día de Júbilo Nacional en el cumpleaños número 147 del Siervo de Dios. Luego de agradecer al Pre-Santo venezolano (en señal de agradecimiento por haberle hecho el Milagro de curarlo) promete girar (otra vez) los fondos para la construcción de un templo para honrar la memoria del Santo del Pueblo en su pueblo natal, Isnotú.

En ambos casos, los miembros de la iglesia no caben dentro de sí, ya que la atención del Presidente les cae como anillo al dedo.  Chávez utiliza nuevamente los símbolos más íntimos para el pueblo que le sigue (la religión esta vez) para reforzar la conexión que aún mantiene con muchos o pocos, a la vez que "compra" indulgencias con bozales arepísticos a los hombres de hábito que felices lo reciben. Business as usual.

Más allá de las valoraciones religiosas o morales que cada uno de nosotros quiera darle a este hecho, lo cierto es que se comienza a destacar la manera como Chávez explota económicamente  a los centros de concentración emocional, con lo cual abona más terreno para su siembra en el pueblo chavista, políticamente inmaduro y electoralmente emotivo.

El Presidente conoce muy bien la forma de entrarle a sus devotos, a los que lo veneran tanto o más que al de Isnotú u otros íconos religiosos de la geografía nacional.  Sus "milagros" (consideran) pueden materializarse si ellos hacen un mayor esfuerzo en defender su revolución, si tan solo los oligarcas y el imperio lo dejan, y de ellos es la misión, cuales cruzados detrás de Pedro El Ermitaño, de dar su vida por la salud de su guía espiritual, el profeta de Sabaneta y el triunfo de la evangelización de los salvajes capitalistas.

Chávez, un sobreviviente político, ordeña la savia inocente y resentida de los electores que votan con la emoción y no con la razón.  Apasionados por cualesquiera amenazas que recaigan sobre su sacerdote mayor (mayor inclusive que los curas mismos de La Grita e Isnotú), sobre ellos se levanta supuestamente sano (aunque un poco inflado, a decir verdad) cual Lázaro criollo, trás haber vencido al cáncer, probablemente enviado por aquellos que huelen a Azufre en el norte.


Juancé Gómez

domingo, 23 de octubre de 2011

¿Son realmente necesarias las Fuerzas Armadas en Venezuela?




Parte I


Una mañana de febrero de 1992, en nuestras pantallas de televisión irrumpió el rostro desafiante de un militar conocido para muy pocos –medio orejón él- que se dirigía a sus compañeros “de armas”, indicándoles por medio de las cámaras el no haber podido cumplir con sus objetivos y dando nacimiento a aquella famosa frase del “por ahora”.

“Por ahora”.  Frase que para muchos se convertiría a partir de aquél momento triste de la nación en el recordatorio morboso de alguien que, muchos interpretaron, había tenido “las que te conté” para hacerle frente a Carlos Andrés Pérez y  ultimadamente, al sistema democrático en pleno.  Días después de aquella “asonada” militar y restablecido el orden, muchos asentían y en silencio aprobaban aquel acto de desafío máximo, de desconocimiento pleno a las instituciones y de “valentía” de un grupo de tenientes coroneles frente a un gobierno constitucional y democráticamente electo.  Otros tantos llevaron este apoyo hasta el Cuartel San Carlos y la cárcel de Yare, y muchos que anteriormente militaban en partidos del “establishment” criollo salieron a ofrecerse a la causa del militar golpista, secretamente sugiriéndole que continuara con “su lucha” y jurándole lealtad a través de los barrotes de su encierro.  Un nuevo héroe había nacido. 

El resto es historia por todos harto conocida.  El punto de reflexión que queremos destacar aquí es, precisamente, ese momento histórico en que Hugo Rafael Chávez Frías reta y hace tambalear a las instituciones y de repente descubre (para beneficio posterior suyo y desgracia consecuencial del país) lo débiles de sus bases y lo endeble de su andamiaje.  Descubre que como en el dominó, jorungando un poco al contrario se le ven las costuras y que nadie –en el caso de las instituciones- salió en su defensa, salvo algunos juristas altamente respetados pero poco escuchados y políticos de partidos cuya credibilidad quedó igual de lastimada que las mismas instituciones de la nación.   De repente empezamos a descubrir que vecinos, compañeros de trabajo y familiares eran “pro-golpe” o al menos se solazaban de ver corriendo al Presidente de los militares que le acechaban el día del fatídico golpe.

Los venezolanos hemos tenido históricamente un “love affaire” con las gorras militares, en una relación de amor odio digna de cualquier diván.  Adoramos los desfiles, pero detestamos a los militares que nos reprimen.  Pareciera que el intento de golpe de militar de Chávez reforzó  el pensamiento que los venezolanos admiramos más los “cojones” que los “sesos” y que para nosotros pareciera tener más valor un valiente que un pensante. 

Este amorío con el uniforme nace desde nuestro nacimiento como república libre, luego de libradas las guerras de independencia.  “O sacerdote o militar” eran las opciones para seguir carreras decentes.  La alternativa era ser pobre, peón, de tercera.  En 1835, la llamada “Revolución de las Reformas” fue la primera de una hilera de “revoluciones” y “golpes” que se sucedieron – y suceden- en nuestra historia contemporánea cada tantos años.  Y la amenaza continúa. Los saldos como consecuencia de estos levantamientos siguen pasándonos factura todavía.


Este breve resumen, inmediatamente nos hace detenernos y formular la pregunta sin cortapisas ¿Es realmente necesario tener Fuerzas Armadas en Venezuela? La pregunta, de por sí, resulta chocante y hasta descabellada, por eso la haremos de nuevo: ¿Es realmente necesario mantener una estructura armada en Venezuela? Para darnos una respuesta sanadora al conflicto que la pregunta como tal genera, repasemos los motivos por los cuáles se tienen fuerzas armadas en diversos países:

1.)    Defensa de la Soberanía Nacional: La soberanía entendida geográficamente como los límites espaciales del territorio donde reside una nación.

2.)    Amenazas de otros países: La defensa contra invasores, colonizadores o enemigos de nuestro sistema de vida o nuestros ciudadanos, dentro o fuera del país.

3.)    Amenazas dentro del país mismo: La defensa contra nosotros mismos, cuando nuestros congéneres se vuelcan en contra de nosotros.  Preservación del orden interno.

4.)    Defensa del “honor” y los símbolos patrios: El gentilicio amenazado por culturas foráneas, o vilipendiado por extranjeros.

Aparte de estos motivos, podríamos agregar también las fulanas “ayudas humanitarias”, misiones de paz que parten hacia los confines de la geografía nacional o del mundo, a prestar ayuda en caso de siniestros, catástrofes naturales o guerras civiles, precisamente, en otros países, como los Cascos Azules de las Naciones Unidas. 



Analicemos entonces, cada uno de estos “motivos” que teóricamente, justificarían la existencia de fuerzas armadas en un país como Venezuela.  La Defensa de la Soberanía Nacional es la primera que nos viene a la mente.  Comenzamos a hilar involuntariamente conceptos familiares entre sí tales como fronteras, tierra, ciudades, recursos naturales, ciudadanos, país, y caemos en cuenta que la primera razón es una de defensa de aquellos valores que consideramos intocables y únicos a nuestra nación como ente abstracto.  Sin embargo, para asumir una posición de defensa, en primer lugar, debemos sentirnos amenazados, de lo contrario, defendernos de alguien que no nos amenaza es un contrasentido.  Esto nos lleva entonces a la segunda razón para sostener una estructura militar en un país: La amenaza de otros países.  En el caso de Venezuela, salvo el bloqueo naval impuesto en 1902-03 por Italia, Alemania e Inglaterra por motivos económicos, históricamente nuestro país no tiene rencillas con otras naciones que justifiquen armarse y permanecer alertas ante conflictos armados.  Repasando la historia patria de los últimos 50 años, surgen solamente tres incidentes dignos de mencionar y que tampoco justificarían sostener la estructura bélica que tenemos actualmente.  El primero fue la “invasión” de subversivos comunistas provenientes de Cuba a las playas de Machurucuto en 1967; el segundo el incidente con la fragata colombiana Caldas en 1987, y el tercero la colocación de las tanquetas en la frontera con Colombia en 2010, evento de mas reciente data protagonizado por el actual Presidente de la República.  Del resto, no figuramos en ningún conflicto mayor, ni en guerras mundiales, ni en pleitos tipo las dos Coreas o los dos Vietnams.  Nada, no tenemos enemigos o amenazas que justifiquen gastos exorbitantes como los que actualmente se sufragan en “defensa” de la nación.  Las amenazas al sistema jurídico nacional han sido protagonizadas principalmente por los militares mismos.  Desde 1835 hasta la actualidad, los militares nacionales han sido los principales protagonistas de doce ataques directos a la institucionalidad y el orden jurídico y constitucional establecido en el país.  Siempre a su vez, han conseguido justificar sus acciones violatorias de la legalidad en motivos como el restablecimiento del orden o el fin de sistemas corruptos que ya perdieron su legitimidad.  Lo curioso es que a través de actos ilegítimos han buscado “subsanar” políticas de gobiernos que en su criterio actúan de manera ilegitima, como si la violación de la ley fuera motivo para violarla de nuevo en la búsqueda de la solución al supuesto problema.

Por último, la defensa del Honor y los Símbolos Patrios han sido la excusa más burda que existe para dar rienda suelta al chauvinismo que sufren muchos ciudadanos de un país, quienes entienden el “patriotismo” como la acción de andar tarareando las estrofas del himno nacional o tener izada una bandera en la puerta de su casa.  Si un extranjero habla mal de nosotros es una “amenaza foránea” y si un nacional habla mal de su propio país es un “traidor a la Patria”. 

Muy por el contrario, han sido los militares precisamente los que han atacado en múltiples ocasiones a los ciudadanos mismos de la nación por medio de asesinatos, torturas, represión y violación de derechos humanos en Venezuela.  Han sido los militares quienes han permanecido a la espera de los tambaleos civiles para justificar el despliegue de tanques y aviones, soldados y municiones con la paupérrima excusa de “restablecer el orden”.  Lo grave de esto es que no existe en los textos legales, comenzando por la Constitución Nacional, una ley, orden o siquiera inferencia alguna que le de autorización a las Fuerzas Armadas de intervenir militarmente en medio de crisis políticas.  Sin embargo, seguimos rehenes de los militares y estamos a merced de sus armas y sus decisiones. 

En la actualidad, haciendo un balance objetivo de los beneficios que hemos obtenido con la presencia del aparato militar en la vida del país, el resultado es pobre y desolador: abusos de autoridad, desconocimiento de las instituciones, represión, corrupción, arbitrariedad, persecuciones y la cifra desconocida de muertos a manos del régimen militar, tanto el actual como los pasados.  En la actualidad los mayores privilegios los poseen los militares y haciendo aún más memoria, siempre fue así.  En tiempos de la mal llamada “IV República”, los militares gozaban de fueros inalcanzables para el resto de los mortales como importación de vehículos, beneficios sociales, exoneraciones fiscales y aduanales, carnets y placas de autoridad…todos lo recordamos porque todos lo vivimos. 

De la infraestructura nacional existente, si bien muchos hablan de las “maravillas de mi General Marcos Pérez Jiménez” y de cómo construyó carreteras, hoteles y edificios, sería bueno indagar si los albañiles y constructores de aquellas obras eran sargentos y cabos que pertenecían al ejercito.  Lo dudo ampliamente.   En el ámbito político, nuestra inercia ciudadana ha permitido que la influencia militarista permee la capa civil de la vida nacional, al punto en el que hoy en día vemos generales en cualquier posición de gobierno, desde las empresas básicas del estado hasta ministerios que en nada tienen relación al tema militar.  En resumidas cuentas, el aporte que las Fuerzas Armadas han hecho a Venezuela como la conocemos hoy, lejos de ser positivo ha sido un total y absoluto desastre, en el cual nos encontramos con un elefante blanco que dentro de la paranoia natural a su condición militar nunca se siente seguro y por eso malgasta los dineros de la nación comprando cada día más y más armas, sistemas de defensa, aviones, municiones, uniformes que no tienen sentido de ser, si no para alimentar las arcas de la igualmente voracidad que viene acompañada con el uniforme militar.  Sin militares la matraca no se puede hacer valer.

 En la próxima entrega hablaremos acerca de los beneficios que nos dejará como país prescindir de las Fuerzas Armadas. 

Juancé Gómez

Si, mi Taita




"Venezuela era una isla desierta y yo me la conseguí"

Esta frase, atribuida al General Juan V. Gómez, bien podría resumir la historia venezolana de los últimos 200 años. Somos un pueblo que, a falta de conciencia propia, conocimiento de sí mismo y convicción de su identidad, ha requerido siempre acurrucarse bajo un "taita" llámese éste Páez, Blanco, Castro, Gómez, Pérez o Chávez. Una especie de Ho Chi Minh criollo.

El pueblo venezolano (y el latinoamericano a los mismos efectos), necesita de un patriarca, de un paladín, de un líder que logra convertirse en un gurú espiritual al que se le profesa un fervor casi sectario. Si bien se admite que todo grupo social requiere para organizarse y regirse de los lineamientos de un jerarca, no es menos cierto que otras culturas entienden que ese guía, ese llamado a determinar los destinos cumple con un mandato otorgado a él por el grupo mismo. En nuestros pueblos (por flojera o ignorancia), descargamos toda la responsabilidad de las decisiones de dirección al gobierno como ente abstracto, y a falta de éste, al mandatario de turno, divorciándonos de nuestro deber como ciudadanos pedidores de cuentas y circunscribiéndonos a ser pedidores de casas, becas y subsidios.

Esta práctica de dejar que el Gobierno nos resuelva la vida nos ha convertido en limosneros de oficio. No esperamos que los gobernantes cumplan con la gestión para la cual los elegimos, sino que nos conformamos con esperar que no nos hagan daño, que nos quieran. En un survey televisivo en los años del segundo gobierno de Rafael Caldera, cierto entrevistado en la calle, al ser preguntado por la gestión del presidente comentaba
"que al menos el Dr. Caldera no nos roba", con lo cual dejaba reflejada la expectativa del "pueblo" como gobernado: Si no vas a hacer tu trabajo como Gobierno, por lo menos no me robes.

Esta posición denota una tremenda inmadurez política de parte de los electores y un desconocimiento absoluto de su rol dentro de la dinámica de la relación Gobierno – gobernados. El colectivo elector posee una serie de derechos frente a aquellos que elige (elección como tema clave aquí) pero debe entender estos derechos, y en el caso de Venezuela este silogismo parece no cumplirse, porque el elector mismo no entiende o no sabe entender ni asumir su posición dentro del juego de la democracia.

¿Cuáles son, entonces, estos derechos? El elector primero que todo debe entender que el poder es suyo para cambiar aquello con lo cual no está de acuerdo. Pero nos vamos aún más allá y nos preguntamos: ¿sabe esto el elector? Cuando observamos los noticieros nacionales no pasa un día en que alguien, humilde o acomodado, educado o marginal, le "pida" al Presidente que se avoque a resolver personalmente cualquier tema (desde una huelga de reos en un penal hasta la construcción de un módulo policial) siempre la constante es la misma: "
Señor Presidente, le pedimos". ¿Cuándo comenzará nuestro pueblo a "exigir" en vez de "pedir"?

Esa es la posición del sumiso, la de pedir. Pedimos favores cuando deberíamos exigir cumplimientos. El electorado en pleno debe entender que no nos hacen favores los que elegimos en algún momento y parte de la responsabilidad de esto es de nosotros mismos. Nuestra actitud de "pedigüeños" solamente abona el camino del abuso, de la desidia y de la posterior opresión. Mientras no exista una psique colectiva que coincida en aquello que debe esperar; que eleve la barra de las expectativas a sus gobernantes; que no se deje encantar por las flautas verborreicas de mítines en avenidas cerradas; que evalúe con seriedad y objetividad las promesas y los planes de gobierno de los diferentes candidatos y finalmente, que elija más a un empleado y no a un "Taita", seguiremos sin ver cambios sustanciales en nuestra sociedad.

Juancé Gómez
 

El Pueblo Chavista





Conversando con Fernando Nuñez Noda días atrás vía twitter (@nuneznoda), mencionó un concepto absoluta e innegablemente cierto dentro de la vida del país: "El Pueblo Chavista". El Pueblo Chavista es, ése conglomerado humano que se identifica con el Presidente Chávez más allá de lo que términos como la "Intencionalidad de Voto" u otros de corte mercadotécnico puedan servir para definir y clasificar a un grupo social. El Pueblo Chavista es mucho más que eso.

El Pueblo Chavista está conformado por cientos, miles y cientos de miles de venezolanos, en todo el territorio del país, que sostienen un lazo afectivo con Hugo Chávez. Su conexión con el líder es similar a aquella que se tiene con un gran Pater Familias, un protector y por qué no, un miembro de nuestra familia, tan cercano como un hijo.

Comentábamos esta figura en el artículo "Si, mi Taita" (www.infociudadano.com) porque la dinámica de la relación Gobernados – Gobernantes se ha basado, a través de los años, en un lazo más emocional que político. El Pueblo Chavista entiende y concibe a su líder con la pasión y no con la razón, y desde este punto de mira, el subjetivismo imbuido en esta relación es tan fuerte que impide la permeabilidad de comentarios negativos hacia el líder mismo, rechazándolos y argumentando en muchas ocasiones, de manera violenta. Así como la madre del hampón que sabe que su hijo hace el mal pero no lo reconocerá jamás de forma abierta, el Pueblo Chavista obvia los desatinos de su paladín, justificando sus desaciertos de cualquier manera posible y más aún, creyendo como ciertas estas justificaciones. Este fenómeno es netamente humano, netamente intrínseco a la "afectividad" de las personas, y llevarlo al plano colectivo nos deja las mismas consecuencias.

Hugo Chávez es, para su Pueblo, "uno de ellos", alguien que logró remontar la empinada cuesta del poder a punta de lucha y esfuerzos –desde su punto de vista, bueno o malo pero cierto para ese Pueblo. Esto queda demostrado cuando vemos la cuña política recientemente puesta al aire acerca de los días en los cuales el Presidente estuvo recibiendo Quimioterapia en el Hospital Militar de Caracas. Entre pasajes se proyectan personas que decían frases como "Te quiero mucho, mi amor!" o "Pa´lante Comandante, lo queremos mucho!". Estas manifestaciones de cariño, han sido desdeñadas por los opositores a Chávez como "actores pagados" o "fanáticos del régimen", pero cabe preguntarnos: ¿Realmente somos tan ingenuos para pensar esto y obviar el nexo afectivo?

Los venezolanos (y los latinoamericanos en la misma onda), somos afectos a adorar hombres y mujeres a través de nuestra historia. La pareja Perón en Argentina, Martín Torrijos en Panamá y Lázaro Cárdenas del Río en México son sólo ejemplos de esa relación afectiva de la que hablamos supra. Estos fenómenos sociales tienen en común el particular elemento de suplantación de los roles de uno de los sujetos activos de la relación Gobernante - Gobernados: El "Ciudadano Político" no existe y es suplantado por el "Ciudadano Emocional". Esto significa que las expectativas -y el juicio- acerca de los logros y el cumplimiento de las funciones de aquel que fue electo pasan a segundo plano porque se imponen los afectos, enturbiando la percepción de los hechos. Perdonamos más a alguien que queremos que a alguien que trabaja para nosotros.


En la relación del Gobernado con el Ciudadano Político sucede lo contrario: Exigimos que los resultados de la gestión de Gobierno del Gobernante sean satisfactorios a nuestras necesidades porque concebimos al Gobernante como un empleado nuestro, alguien que tiene la misión de ejecutar un mandato otorgado por nosotros y no preponderan en el Ciudadano Político aspectos personales como el afecto, la idolatría o la conexión familiar.
El Pueblo Chavista está conformado por el Ciudadano Emocional. Chávez sabe esto y cual pastor de programa religioso arenga a su rebaño con argumentos que van directo a la espiritualidad de la gente y no a su madurez política, la cual reconoce como escasa. Cuando Chávez invoca figuras importantes para el Pueblo Chavista lo hace apuntando a aspectos íntimos de la vida tales como la religión, la música, el folclore y aquellos otros aspectos que identifican sujetos en común, y esto produce un efecto de empatía difícil de apartar de la psique colectiva. A más cantar en Cadena Nacional, más su Pueblo reconoce el mensaje directo a ellos, a los del barrio, a los del campo, no a los de los apartamentos y los de las quintas. Chávez surca el territorio humano con un arado claramente definido:

"Soy del Pueblo, pero del Pueblo de abajo, del que ha sufrido".

Este fenómeno es relativamente nuevo en nuestra historia presidencial. Salvo las escaramuzas populistas de Luis Herrera Campíns con Carlota Flores y Aleidy Josefina, pocas veces hemos visto este fervor cuasi religioso de un conglomerado con su líder. ¿Habíamos visto alguna vez, a un señor colocándose tamaña cruz en la espalda y peregrinando por la salud de alguno de nuestros presidentes pasados? Los acercamientos con el pueblo que podamos recordar por haberlos practicado nosotros mismos, no pasaron de la colocación de un afiche de Jaime Lusinchi en el balcón de nuestro apartamento o de las calcomanías de Rafael Caldera y la extinta "Convergencia" en épocas pre-electorales. No se veían imágenes gigantes que evocaban manifestaciones casi pías, al estilo de la mejor fiesta patronal del calendario religioso.
Nuestra percepción opositora está basada en la postura del "Ciudadano Político" y estos comportamientos, pasiones y rasgadura de vestiduras nos lucen chocantes, melodramáticos y francamente, exagerados. Sin embargo, no dejan de ser fenómenos reales, ciertos y sagrados para otro segmento de la población, el Pueblo Chavista. El enorme reto que se le plantea por delante a los precandidatos opositores a Chávez en la cimentación del "Pueblo Opositor" vinculándolo más a su papel de "Ciudadano Político" como primera misión, y en segundo término, a una suerte de "Evangelización Política" del pueblo que elige a sus gobernantes más con el corazón que con la cabeza. Parte de esa evangelización debe ser dirigida a desenconar los afectos del Pueblo Chavista con su líder, los cuales hoy en día, a pesar de la cadena indetenible de errores del Gobierno, siguen cobrando más fuerza a raíz de lo que muchos llaman la "Misión Lástima".
Chávez frente a su propia adversidad humana apela una vez más a las fibras más agudas del tejido de su pueblo y les pide que oren por él, que lo acompañen en su enfermedad. El Pueblo Chavista, estimulado emocionalmente una vez más, le dice en cámara:

"Te quiero mucho, mi amor…que Dios te bendiga!"